07 octubre 2011

QUINTO MISTERIO Glorioso

En el quinto misterio glorioso se contempla la coronación de Santa María.

"Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza". (Ap 12, 1)



Las virtudes de María Santísima son las piedras preciosas que adornan su corona. Su ejemplo e intercesión nos animan a adquirir esas virtudes que llenan el alma de alegría y van haciendo nuestro corazón semejante al suyo.

Con razón, exponía la Virgen ante la situación del mundo: «Mira cómo está el mundo con los siete pecados capitales, hija mía. Muchos, hijos míos, pecáis en estos siete vicios, pero os olvidáis de las virtudes que combaten a estos siete vicios».

Pidamos a nuestra Señora que nos conceda, para combatir los pecados capitales, las virtudes que se oponen a ellos: humildad, generosidad, castidad, mansedumbre, templanza, caridad y diligencia.

06 octubre 2011

CUARTO MISTERIO Glorioso

En el cuarto misterio glorioso se contempla la asunción de Santa María al cielo .

"La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, concluida su vida terrena fue ascendida en cuerpo y espíritu a la gloria celestial" (Definición dogmática de Pío XII)

«La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos». Por eso, reza una oración de la Liturgia con belleza: «En el parto te conservaste Virgen, en tu tránsito no desamparaste al mundo, oh Madre de Dios. Te trasladaste a la vida porque eres Madre de la Vida, y con tu intercesión salvas de la muerte nuestras almas».

Esta preocupación por salvarnos ha sido constante por parte de la Virgen en los mensajes de Prado Nuevo; así, decía el 7 de enero de 1995: «...yo soy la puerta del Cielo; yo traje la luz al mundo y os daré la luz para vuestra salvación». Si invocamos a María con frecuencia y fervor, Ella será para nosotros la Puerta que nos introduzca en las moradas celestiales: «Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».

05 octubre 2011

TERCER MISTERIO Glorioso

En el tercer misterio glorioso se contempla la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles.

"Llegado el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar...Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se posaron sobre cada uno de ellos; y quedaron todos llenos del Espíritu Santo". (Hch 2, 1.3-4)

En el mensaje de 2 de enero de 1988, la Virgen se dirige a Luz Amparo y le habla del misterio de la Santísima Trinidad: «...cada uno tiene su función, hija mía, pero los Tres tienen ese amor. El Padre crea, el Hijo redime y el Espíritu Santo santifica. Invocad al Espíritu Santo, hijos míos, para que estén vuestras almas santificadas por la luz del Espíritu Santo».

Según esto, ¿qué hace el Espíritu Santo en la Iglesia? «El Espíritu Santo que Cristo, Cabeza, derrama sobre sus miembros, construye, anima y santifica a la Iglesia», nos responde el Catecismo de la Iglesia Católica.

Como nos pedía la Virgen en aquel mensaje, invoquemos con frecuencia y devoción a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, para que nos anime y santifique en la Iglesia de Jesucristo, a la que deseamos amar con todo el corazón.

04 octubre 2011

SEGUNDO MISTERIO Glorioso

En el segundo misterio glorioso se contempla la Ascensión del Señor a los cielos. "Jesús se acercó a ellos y les habló así: "Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo..." Después...alzando sus manos los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo, en donde está sentado a la derecha del Padre". (Mt 28, 18-19; Lc 24, 50-51)



Sobre el misterio de la Ascensión del Señor, enseña san León Magno: «...así como la Resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría en la solemnidad pascual, así su Ascensión a los cielos es causa del gozo presente, ya que nosotros recordamos y veneramos debidamente este día, en el cual la humildad de nuestra naturaleza, sentándose con Jesucristo en compañía de Dios Padre, fue elevada sobre los órdenes de los ángeles, sobre toda la milicia del Cielo y la excelsitud de todas las potestades». Contemplar la Ascensión de Jesús al Cielo es un motivo más de alegría para los cristianos; también los Apóstoles se sintieron gozosos y confortados, aunque hubieron de regresar a Jerusalén, a la espera de Pentecostés. La fe cristiana nos ofrece constantemente razones para la alegría; por eso pedía la Virgen en un mensaje: «Vivid, hijos míos, en oración y en sacrificio; también la alegría es un don del Espíritu Santo; el que está en gracia está alegre, hijos míos. Estad alegres, porque tenéis el Espíritu de Dios con vosotros»

03 octubre 2011

PRIMER MISTERIO Glorioso


En el primer misterio glorioso contemplamos la Resurrección del Señor.

"Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: "No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron"". (Mc 16, 5-6)

El reencuentro de los discípulos con Jesús resucitado rehízo sus vidas del escándalo de la Cruz; porque si no, ¿en qué se hubiese basado su fe? Así lo afirma san Pablo en la Primera Carta a los Corintios: «Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana»(1 Co 15, 17).

San Melitón de Sardes pone en boca de Jesucristo resucitado: «...yo soy vuestro perdón, soy la Pascua de salvación, soy el Cordero degollado por vosotros (...), vuestra vida, vuestra resurrección, vuestra luz, vuestra salvación y vuestro Rey».

En sintonía con estas palabras, manifestaba la Virgen en el mensaje de 4 de julio de 1987: «Ya sabéis lo que dice mi Hijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que venga a mí vivirá eternamente”. Mi Hijo es la Resurrección, hijos míos. Todas las cosas que hay hechas fueron hechas por Él (...). Por eso os pido, hijos míos: amad a mi Hijo; acercaos a la Eucaristía; venid a mi Corazón, que yo os protegeré del mal».

Visitas totales